Visión y percepción

El ojo humano: cómo vemos una pantalla

Una pantalla LED solo existe gracias al ojo que la mira. Quien quiera entender las pantallas empieza, por tanto, por el ojo: un órgano sorprendentemente parecido a una cámara, con dos tipos de células sensibles a la luz, para el día y la noche.

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Tu ojo funciona en realidad como una cámara. Delante hay una pequeña lente que enfoca la luz. Detrás, en la retina, hay millones de diminutas células sensibles a la luz que captan la imagen y la transmiten a tu cerebro.

Hay dos tipos de células sensibles a la luz. Un tipo (los conos) funciona de día y ve los colores. El otro tipo (los bastones) funciona en la oscuridad, pero solo ve tonos de gris. ¡Por eso de noche casi no vemos colores!

Ópticamente, el ojo se parece mucho a una cámara: recoge la luz reflejada y enfoca la imagen. La luz atraviesa sucesivamente la córnea, la pupila (la abertura cuyo tamaño regula el iris) y el cristalino, que cambia de forma mediante pequeños músculos para enfocar. La imagen incide sobre la retina, que convierte la luz en señales electroquímicas y las envía al cerebro a través del nervio óptico.

Conos y bastones

La retina contiene dos tipos de fotorreceptores. Los conos proporcionan la visión del color y la visión nítida cuando hay suficiente luz (condiciones fotópicas); hay unos 8 millones, concentrados en gran parte en la fóvea. Los bastones solo funcionan con poca luz (condiciones escotópicas), no ven color y son unos 120 millones.

La fóvea: pequeña pero decisiva

La fóvea es una zona minúscula en el centro de la retina, repleta de conos. Cubre solo un 2 % del campo de visión, pero aporta la visión más nítida y la mayor información de color. Más allá, el número de conos cae con fuerza; el número de bastones se desploma a partir de un ángulo de campo de unos 20°. Esto explica por qué solo ves una pantalla realmente nítida cuando la miras de frente, y por qué la colocación de un cartel junto a la carretera es tan importante.

La retina contiene ~120 millones de bastones y ~8 millones de conos. Algo notable: ambos tipos de fotorreceptores están orientados de espaldas a la luz incidente. La densidad de conos es máxima en la fóvea (~2 % del campo de visión) y se mantiene baja pero bastante constante fuera de ella; la densidad de bastones cae bruscamente más allá de ~20°. La información del ojo izquierdo va al hemisferio derecho y viceversa; el lóbulo occipital es el área de procesamiento primaria y recibe la mayor parte de su entrada desde la fóvea.

Visión fotópica versus escotópica

A niveles de luz diurna (fotópico), dominan los conos; la sensibilidad alcanza su máximo en torno a 555 nm y la visión del color es completa. A niveles de luz muy bajos (escotópico), toman el relevo los bastones; el pico de sensibilidad se desplaza a ~507 nm (el desplazamiento de Purkinje) y la percepción del color desaparece. El diseñador de pantallas cuenta con condiciones fotópicas, y por tanto con la respuesta de los conos y con V(λ), al determinar el brillo y el color.

Consecuencia para el diseño de pantallas

Como la agudeza y el color los sostiene la fóvea, el tamaño angular de los caracteres en la retina es decisivo para la legibilidad: depende tanto de la altura de los caracteres como de la distancia de visionado. Esa es la base fisiológica del cálculo de la distancia de lectura y de la importancia de colocar una pantalla dentro del cono de visión del público objetivo.

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